martes, 14 de abril de 2009

ALTO RIESGO

“Ansina sea lo roto como lo descuzido”. Refrán sefaradí.

 

En Brasil no hay terroristas. En Brasil abundan los pobres de solemnidad, los “sin techo”, los “sin tierra”, los “sin nada”. Muchos vivaquean donde quieren y duermen donde pueden. Muchos se agrupan en las llamadas  “favelas”, en habitáculos  donde la luz se abre camino dificultosamente, espacios no tan amplios como madrigueras, donde raramente huele a carne frita. El modus vivendi es la droga variada, a gusto del consumidor. Pero en Brasil no hay terroristas.

El gobierno de Lula da Silva está inmerso en la loable tarea de conseguir, al menos, que los brasileños pobres saboreen una comida al día. Mientras tanto llega el condumio, los brasileños pobres se recrean con las maravillosas vistas que tienen de Río de Janeiro. Desde los cerros donde se ubican las favelas parece que con un poco de esfuerzo se puedan tocar los enormes edificios asomados a la playa. Por las laderas, como cascotes, chapas y plásticos olvidados, las favelas se extienden, temblorosas por el vapor ambiental, en dirección a la ciudad.  Pero las autoridades han puesto manos a la obra para impedir que la pobreza inunde de miseria las zonas residenciales. Han iniciado la construcción de un  muro de hormigón de tres metros de alto. Será lo suficientemente largo como para impedir que las favelas no sólo se extiendan por las zonas urbanas, sino también por los vecinos morros arbóreos aún no conquistados.

Este sólido obstáculo a la progresión de la miseria ha sido eufemísticamente definido por una alta autoridad del Estado de Río: “No hay discriminación, al contrario. Nos proponemos contener el desarrollo de las comunidades chabolistas y proteger la naturaleza”, siendo escasamente comentado en los medios hispanos, y,  cuando lo ha sido, la comprensión ha dotado a la noticia de un cierto halo de logro social, botándola de inmediato a la papelera de reciclaje.

Estos acontecimientos me han hecho recordar las oleadas de sangrientos editoriales dedicados a la valla o muro que Israel estaba erigiendo como parte de su estrategia contra el terrorismo palestino. Sin ánimo de comparaciones malintencionadas, me viene al pelo mencionar que el muro construido por Israel lo está en más de un noventa por ciento por verjas metálicas. Con la utilización de cámaras y sensores, el cemento se ha aplicado exclusivamente en las zonas donde el peligro de infiltración de armas, explosivos y terroristas era mayor.

Es seguro que si el muro de hormigón brasileño, construyéndose para tapar las miserias, lo estuviese erigiendo Israel, el asunto ya lo habría puesto la Asamblea General de la ONU (mayoría musulmana) en el Tribunal de La Haya. Poco le importa a la prensa española que el objetivo por el que Israel construyó su verja se haya logrado casi completamente, dejando en entredicho las abyectas acusaciones de las que fue objeto, en el sentido de que su intención era separar pueblos y familias.

 

Haim.


Publicado por Desconocido @ 10:35  | Comentarios
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