La hegemonía del dólar y el capitalismo estadounidense llegaron a su fin
Sin Permiso
| "¿Qué
queda entonces de la superpotencia EEUU? Su poder estaba construido
sobre barro financiero. Con el desplome de la hegemonía del dólar,
llegó a su fin; el sistema financiero estadounidense ha quedado
desacreditado por años. Esto es el fin del capitalismo estadounidense,
del ejemplo que por décadas se nos ensalzó como modelo a seguir. Y no
es poco, aunque no sea, ni por mucho, el fin del capitalismo como
sistema mundial." |
Los
bancos norteamericanos ganan tiempo con el plan de rescate. Pero la
hegemonía del dólar y el capitalismo estadounidense llegaron a su fin.
Hay
tradición. Los bancos y los financieros serán salvados con miles de
millones de dineros del contribuyente. "Para bien de todos". Suecia lo
hizo. Y Japón. Y Gran Bretaña. Y, de nuevo, los EEUU. Hasta ahora,
todos los gobiernos estadounidenses habían intervenido con "rescates"
en cualquier crisis financiera. Tras las mayores estatalizaciones de
todos los tiempos viene ahora el mayor de los rescates.
El
secretario estadounidense del Tesoro, Henry Paulson, exjefe del banco
Goldman Sachs, el número 1 de los bancos de inversión, se ha sacado de
la chistera la "madre de todos los rescates. De consuno con la Reserva
Federal, ha diseñado un paquete para ayudar a los bancos a salir de
aprietos. Y eso sólo es posible, si se les quita de las manos la patata
caliente de unas hipotecas y de unos derivados hipotecarios
desvalorizados que, considerados hasta hace muy poco la joya del arte
financiero, andan ahora estigmatizados como "basura tóxica". Puesto que
el mercado para tales papeles se ha desplomado, nadie sabe desde hace
meses qué valor puedan tener.
Ahora viene el Estado como
salvador. Un rescate de prestado, con miles de millones que el gobierno
Bush no tiene. El Estado norteamericano todavía tiene crédito, y de
ello depende ahora todo el sistema financiero estadounidense, y con él,
el internacional. El volumen de los fondos de urgencia queda en
principio limitado a 700 mil millones de dólares; más no permite la
actual ley presupuestaria, y habría que modificarla para aumentar esos
fondos. No bastará. Serán necesarios entre 1 y 2 billones –en el peor
de los casos, hasta 5— para enjugar todos los créditos y todos los
títulos de derivados tóxicos. Están en circulación préstamos
hipotecariamente respaldados por valor, al menos, de 1,1 billones de
dólares, y a eso hay que añadir más de 2 billones en forma de hipotecas
a propietarias y propietarios de vivienda privados y 1,6 billones en
hipotecas a empresas que operan en el mercado. Si las cosas discurren
como quieren Paulson y Bush, acabarán teniendo entre manos un fondo
estatal billonario más bien parecido a una empresa de propiedad popular
como lo fue en su día la "Ramsch und Schund" en la antigua República
Democrática de Alemania. Es vana esperanza la suya, creer que podrán
vender luego los papelitos adquiridos ahora a los bancos. Al final, el
Estado se quedará sólo con las pérdidas, y el contribuyente tendrá que
cargar con la deuda pública.
El gobierno saliente presiona para
sacar adelante su plan de salvación. Paulson pretende, en efecto, que
el Congreso la firme un cheque en blanco. Nunca un secretario del
Tesoro tuvo nunca tanto poder en los EEUU. La crisis financiera llama a
gritos a un dictador: así ven las cosas los neoconservadores en el
gobierno.
Sólo que el Comité bancario del Congreso regatea. Los
senadores se agarran a cualquier pretexto, los bolsistas temen la
cólera de los electores. Esto es "socialismo financiero y es
antiamericano", truenan los republicanos. Los demócratas tienen un
contraplan. Quieren ayuda para los propietarios de vivienda, no para
los bancos. Quieren una participación del estado en las empresas
rescatadas, quieren una clara limitación de los salarios y las
remuneraciones de los altos ejecutivos. Es decir, intromisión directa
del Estado en la política de las empresas. En Europa, eso sólo lo exige
la izquierda.
Nadie podrá negar que el contribuyente
norteamericano es el tonto de esta historia: nadie está en condiciones
de garantizar que la salvación de los bancos el servirá para algo al
propietario o a la propietaria de vivienda. Pues lo precios
inmobiliarios siguen cayendo, y se contarán por millones los que verán
aumentadas sus deudas al tiempo que cae el valor de mercado de sus
casas. Por consiguiente, en cada refinanciación, los bancos exigirán
mayores intereses, lo que traerá consigo un incremento drástico de los
embargos y las ejecuciones hipotecarias. Puesto que éstas últimas yo no
aportan nada, más bancos irán a la bancarrota. No es por casualidad que
los dos últimos grandes bancos de inversión, Goldman Sachs y Morgan
Stanley, acaben de ser transformados en bancos comerciales normales y
corrientes. Caen así bajo la inspección bancaria pública, a trueque de
poder acceder a los fondos públicos de urgencia. Los necesitarán. Los
bancos extranjero filiales de empresas estadounidenses podrán
beneficiarse igualmente de esos dineros públicos. Si se les excluyera
de la bendición crematística, la plaza financiera de Londres sería la
siguiente en partirse de risa. Por eso la negativa de los restantes
miembros del G-7 a aprobar planes de rescate parecidos carece de
sentido, y no podrá mantenerse. En cualquier caso, los británicos
seguirán tomando medidas de ayuda, y los alemanes ya han socializado
las pérdidas de sus bancos (semi)públicos.
El Plan saldrá
adelante y ayudará a algunos bancos a ganar tiempo. Pero no resolverá
la crisis financiera. El déficit de los EEUU crecerá todavía más. El
umbral de máximo endeudamiento ha crecido con las últimas
estatalizaciones otros 10,6 billones de dólares: está, pues, ahora en
los 11,3 billones. Sin aumentar los impuestos, lo único que pueden
hacer los EEUU es emitir y lanzar al mercado más deuda pública. Ya hoy,
las importaciones estadounidenses de capital precisan de 4 mil millones
diarios. Eso no puede sentarle bien al dólar. Ya se acabó otra vez su
efímero vuelo, y volverá a caer.
¿Qué queda entonces de la
superpotencia EEUU? Su poder estaba construido sobre barro financiero.
Con el desplome de la hegemonía del dólar, llegó a su fin; el sistema
financiero estadounidense ha quedado desacreditado por años. Esto es el
fin del capitalismo estadounidense, del ejemplo que por décadas se nos
ensalzó como modelo a seguir. Y no es poco, aunque no sea, ni por
mucho, el fin del capitalismo como sistema mundial.
Michael
Krätke, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, es profesor de
política económica y derecho fiscal en la Universidad de Ámsterdam e
investigador asociado al Instituto Internacional de Historia Social de
esa misma ciudad.